Blow-Up (Michelangelo Antonioni, 1966)

Blow Up Poster

Blow-Up, la primera producción en inglés de Antonioni, está inspirada en un cuento de Cortázar llamado ““Las Babas del Diablo” y es uno de los más interesantes retratos del Swinging London de los 60s. Thomas (David Hemmings), un fotógrafo de moda elegante y despreocupado, está sumergido en un mundo de hedonismo y trata a sus modelos como objetos de un decorado. El set es un espacio de trabajo pero también de juego, un escenario donde lo profesional se entremezcla con la seducción, dando lugar a orgías entre Thomas y sus modelos. La realidad del mundo exterior, que coexiste con el universo “cool” de la moda, las fiestas y los conciertos de rock, le es esquiva al protagonista. Thomas intenta darle un lugar a ese mundo en sus fotografías en blanco y negro que retratan ámbitos de clase baja, a la vez que trabaja sobre un libro de fotografías con impronta artística que muestran un costado semi-oculto de su persona.

A raíz de un paseo por un parque en busca de fotografías para su libro, Thomas es testigo de una escena en apariencia romántica entre un hombre y una mujer que va evidenciando aspectos cada vez más siniestros a medida que la narración avanza. En su taller, algo en las fotografías comienza a llamarle la atención. Llevado por la curiosidad, realiza una serie de ampliaciones de las fotografías en las que la imagen de un hombre con un arma sobresale de los arbustos. No satisfecho con lo que ve, Thomas sigue inspeccionando las fotografías en su laboratorio y nuevas ampliaciones en otras zonas del cuadro revelan un cuerpo tirado sobre el césped. Ahora la escena adquiere un carácter misterioso y las miradas de los personajes retratados evidencian que hay algo oculto a lo que Thomas no puede acceder. Es la misma cámara la que conecta los hechos, mostrando simultáneamente y en un orden específico cómo las estáticas fotografías configuran una secuencia espacio temporal que Thomas intenta descifrar. La idea de que ha sido testigo de un crimen crece dentro suyo, por lo que vuelve al parque, donde ve el cuerpo del hombre sobre el césped.

Si en este punto de la película, el drama “light” del comienzo da lugar a escenas de suspenso, Antonioni se encarga de encauzar la narración hacia un terreno metafísico en el cual la tensión dramática sigue presente pero no se convierte en el elemento predominante. Lo que hace el director es plantear la semilla de la duda, generando interrogantes que quedarán suspendidos en el devenir de las imágenes, sin resolución. Thomas va en busca de respuestas pero lo que obtiene es el desinterés propio del mundo en el que vive. El protagonista recorre los ámbitos típicos del Swinging London: un ruidoso concierto de rock de The Yardbirds o una fiesta de clase alta donde abundan el alcohol y las drogas. En la misma fiesta, Thomas le cuenta a su amigo sobre el descubrimiento, pero éste lo ignora completamente. Así, Antonioni termina de dar forma audiovisual al tema de la incomunicación, uno de los tópicos centrales de su filmografía.

En la escena final, luego de haber vuelto al parque por última vez y ver que el cuerpo ha desaparecido, Thomas asiste a un partido de tenis imaginario entre unos jóvenes que hacen mímica como si se tratara de un partido real. Lentamente, comenzamos a escuchar los golpes de las raquetas y las pelotas, a la vez que Thomas se involucra en el juego imaginario, yendo a buscar una pelota que sale de los márgenes de la cancha. La película concluye con una toma cenital del parque en la que el protagonista y su cámara se esfuman progresivamente.

La serie de giros argumentales que Antonioni presenta tienen el objetivo de establecer una duda sobre lo que vimos a lo largo de la película. Es un final abierto ya que no podemos deducir si el cadáver existió o si Thomas, en su necesidad por darle un sentido a su trabajo, ha recreado estas siniestras escenas en su imaginación. Este final es satisfactorio porque a lo largo de la película el director introduce elementos que remiten al abismo entre realidad y percepción, como la aparición de jóvenes que hacen mímica en las calles al comienzo y al final de la historia, los paneles que Thomas utiliza en sus producciones fotográficas con modelos, que ocultan parte de los cuerpos, y en especial, la idea de la fotografía -y por lo tanto, el cine- como una de las tantas representaciones posibles de la realidad.

Por Hernán Touzón

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