Claude Chabrol: Cómo se hace una película

Como se hace una pelicula

Reseña del libro “Claude Chabrol: Cómo se hace una película”
Basado en una serie de entrevistas realizadas por François Guérif en 2002.
Alianza Editorial. Madrid, España. Año 2004.

La serie de entrevistas al gran realizador francés, que François Guérif compila en este libro, son una excelente manera de conocer no sólo la forma de trabajo de Chabrol, sino también su manera de entender el cine. Con más de 70 películas en su haber, Chabrol habla desde un lugar de autoridad que se ha ganado a través de los años. Sin tapujos, explica el proceso de realización de una película desde el origen de la idea hasta su exhibición. Pero a su vez, deja en claro que su método de trabajo no es extrapolable, porque cada director debe encontrar su propia manera de afrontar el proceso creativo.

Chabrol comienza diferenciando entre dos clases de cineastas, los “poetas” y los “narradores”. Los narradores solo buscan contar una historia y no tienen una visión particular del mundo o mensajes específicos que dar. Su objetivo es darle una forma atractiva a las historias. Los poetas, en cambio, tienen una visión de mundo. El director utiliza la expresión alemana weltanschauung, que puede también entenderse como “cosmovisión”. Si lo ideal es que se combinen ambas cualidades, el problema surge cuando los “poetas” se olvidan del elemento expresivo, en particular de la dramaturgia. En ese sentido, Chabrol dice situarse más cerca de los narradores, porque adecúa su visión de mundo a las necesidades de la historia, diferenciándose de Godard, por ejemplo, de quien dice que su obsesión por las formas lo ha llevado a alejarse de su púbico. No es ilógico, entonces, entender cómo Chabrol llegó a convertirse en un maestro del suspenso, siendo la tensión dramática del género, una de sus características más tangibles.

El realizador prosigue explayándose en lo que, para su forma de entender el cine, son los elementos básicos de la puesta en escena: el elemento dramático, pictórico, rítmico y arquitectónico. El elemento dramático incluye el guión, los diálogos y los intérpretes. El pictórico es el que acerca el cine a la pintura. El rítmico refiere a la propia musicalidad de la obra, expresada en los sonidos y los diálogos, pero también, al ritmo inherente a las imágenes. El último elemento, al que define como “la arquitectura de las cosas”, hace referencia a la armonía del conjunto de las secuencias de una película. Chabrol concluye expresando que si lo ideal es que todos los elementos estén presentes, si hay alguno que falla, es conveniente compensarlo con una mayor presencia de otro. Por ejemplo, si las cualidades pictóricas de un filme no son destacables, es necesaria una mayor potencia dramática. Desde ese punto de vista, el guión de una película siempre debe contemplar el ritmo, balanceando escenas de mayor y menor densidad dramática, buscando que el conjunto de las escenas se sostenga en el tiempo.

La parte más interesante del libro es la que se enfoca en el trabajo con actores y técnicos. Chabrol tiene sus objetivos muy claros a la hora de tratar con su equipo, por lo que es apasionante conocer los detalles de su método de trabajo. Si bien Chabrol aclara que siempre se ha llevado bien con los técnicos, cuenta una anécdota con un cámara que muestra su talante para afrontar la preparación de una toma:

“…le había pedido preparar una panorámica. Voy a mear y, de regreso, veo que ha montado un pequeño travelling, con el pretexto de que así sería <<más bonito>>. Le digo: <<Te resultaría más fácil hacerlo así, y será más bonito!>> Y a continuación, lo despedí.”

En lo que refiere al trabajo con los actores, Chabrol nos cuenta sobre cómo lograr que el actor pueda interiorizarse acerca del personaje a caracterizar:

“Lo astuto consistirá en llevarle a encontrar el personaje como quisieras que él lo descubriera.  Todos los trucos son buenos para ello. Por ejemplo, le preguntas: <<¿Por cierto, tu personaje toma café o chocolate por la mañana?>>. Quieres ayudarle a comprender que su personaje tiene un lado ligeramente maníaco. <<Entonces, ¿tú qué crees? Bebe café o chocolate>>. <<No lo sé, me trae sin cuidado>>. <<A ti te trae sin cuidado, pero a él no! Y creo que preferiría el café, porque le parecería demasiado femenino tomar chocolate. ¿Qué te parece?.>> A partir de ese momento, a no ser que sea completamente idiota, comenzará a entender en qué dirección hay que ir.” Otro detalle digno de mención es que en el set llama a los actores por el nombre de sus personajes.

Sobre el trabajo con actores de renombre, Chabrol comienza aclarando que hay actores que aprovechan la indecisión del director para sugerir cambios durante el rodaje. Pero como él no suele dudar en el set porque ya reflexionó sobre las escenas antes de presentarse al rodaje, esta posibilidad queda rápidamente anulada. En un comentario cargado de ironía, el director explica la razón por la que nunca ha trabajado con el mítico Alain Delon: “…ambos hemos presentido, con bastante tino, que sólo uno de los dos dirigiría en el plató y que no sería él. Consecuentemente, mejor evitar el trabajar juntos.”

La última parte del libro se centra en las apreciaciones estéticas del director francés. Como buen autodidacta, Chabrol tiene una pésima opinión sobre las escuelas de cine, ya que considera que los aspectos básicos de la puesta en escena se pueden aprender en pocas horas. Es interesante su opinión acerca de la cualidad pictórica, reflejada en la fotografía del filme. Según Chabrol, el hecho de que una película sobresalga desde el punto de vista pictórico, sugiere que el elemento dramático no está funcionando. Y no se trata de que la fotografía esté bien o mal lograda. El realizador es tajante: “…cada vez que el espectador repara en la fotografía, en un sentido o en otro, se aparta ligeramente de la película. Bien la fotografía es penosa…y el espectador se da cuenta y piensa que la película está mal fotografiada; bien la fotografía es <<ostentosa>>…y el espectador se distrae de la acción.”

Al explayarse sobre el trabajo de montaje, Chabrol no puede ocultar su apego a las formas tradicionales y artesanales de la labor cinematográfica. Así es como deja en claro que su forma de trabajo implica una reflexión previa al rodaje, lo que lo lleva a realizar solamente las tomas necesarias para la postproducción. No apoya la idea de rodar más tomas por si acaso, ya que considera que tiene demasiada estima en sus esfuerzos como para tirar parte de su trabajo a la basura.

La música es un elemento clave en la obra del director y no podía faltar una última apreciación sobre su función y su combinación con las imágenes. Chabrol señala que la función de la música no consiste en otorgarle ritmo a las imágenes, sino en recordarle al espectador que lo que ve es solo una parte de la realidad que se le presenta. Por ese motivo le pide a los compositores que lean el guión y que escriban libremente la música que la atmósfera de la historia les sugiere. Luego utiliza fragmentos de esa música cuando los necesita, sea para puntualizar o sugerir algo, nunca para darle ritmo a la película, lo que considera un sinsentido.

Por Hernán Touzón

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